Uno se pasa la vida pensando el lugar perfecto, en la persona perfecta, qué va a ser de mí, con quién me voy a casar, voy a tener hijos, cuántos, serán como yo, voy a vivir dónde.
Algunos les aciertan a sus fantasías, por suerte o porque lo quisieron e hicieron todo lo posible.
Pero yo -en cambio- no pienso en el futuro, me dejo llevar por el presente. No voy a decir que nunca se me cruzaron esas ideas por la cabeza o que el pasado no existe porque lo que quizás hago es lamentarme por lo que no hice, lo que hice mal o lo que deje de hacer. Pero que sería de la vida si supiésemos lo que nos prepara el futuro, lo que te espera a la vuelta de la esquina. Si supiésemos siempre que hacer, ¿no perdería su gracia y su encanto?.
Uno puede suponer que sería más fácil saber qué le espera, saber si tal persona gusta de uno; pero si realmente se pudiese saber, no existiria el amor, ya que la gracia del amor está en dudar, en tener noches y noches de desvelo pensando si esa persona gusta o no de uno. La gracia del amor no está en la pareja, está en lo que viene antes, está en ir enamorando al otro y a la vez en ir enamorándose, está en pensar en el momento justo.
Claro que a veces pensamos de más y no contamos con lo que depara el futuro; a veces creemos estar locos por una persona y luego aparece otra que -sin que lo notes- te roba el corazón; y otra vez noche y nohes de desvelo lamentandote porque descubriste que aquella persona a la que amabas y que por fin está con vos, no es en realidad a quién amas. Daríamos todo por volver atrás y llegan más noches de desvelo pensando cómo hacer para decírselo sin lastimarla. Cuando logramos encontrar ls forma perfecta, se nos escapa un detalle mínimo y por ese detalle su mente se altera y resulta ser que la mejor manera fue un desastre y que hiciste daño solo cuando querías buscar el método perfecto para decírselo. Pero si esa persona está dispuesta a perdonarte, te das cuenta de que es en realidad quién te ama, merece y necesita. Entonces descubres que el es a el que quieres y te decides por él.
Pero a la vez, sabes que aprendiste lo mas importante sobre el amor, que no es esperar sino arriesgarse. Si no, que sentido tendría, cuál sería la gracia de que todo caiga del cielo; aprendés que si querés algo no tenes que esperarlo, tenés que hacer lo posible para que sea así.
Y si no te sale, la vida es larga y ya habrá más oportunidades; total, esta derrota puede ser la clave para muchas victorias.
El texto fue escrito en 2008 por Emilio Lipani.
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