No importa quienes somos, de dónde venimos o qué tenemos. Nadie pasa por esta vida sin una cuota de dolor, sin atravesar situaciones difíciles, crisis... Pero de los malos momentos surge algo bueno: la enseñanza. Aprendemos a darles valor a las cosas que realmente lo tienen, a encarar la vida de una manera distinta, a aceptar algunas situaciones como vienen, a no complicarnos por lo que no vale, a buscar soluciones más sencillas.
La vida es más simple de lo que pensamos. Y quizá sea bueno recordarlo en momentos en que todos hablan de crisis. Y se ahogan en ella.
Lo simple es evidente. Nos permite disfrutar con menos, nos conecta con lo verdadero.
Lo simple insume menos recursos y menos preocupaciones. Y en la simpleza está la aceptación. La solución es a veces más sencilla si estamos dispuestos a tomar las cosas como son. La no aceptación atenta contra nosotros, nos llena de bronca, de resentimiento.
Aceptar no es resignar, sino entender que a veces es mejor soltar y seguir adelante.
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